Mensajes argentinos en la Bienal de Arte 2019 | VENECIA

Biennale di Venezia, Mostra d'arte

Pensar el nombre de un país debe haber sido una empresa única para quien le haya tocado. Mariana Tellería cuenta con empeño lo que significa tener un nombre, si entendemos que el buen nombre se cultiva, se cuida y se nutre de buena pasta. Amando el propio nombre se construye el porvenir y se superan las oscuridades. Amar lo que propone el espejo es aceptar el pasado y las desaventuras, las historias equivocadas y las revoluciones sin resoluciones. Acaso el nombre no refleja el ánimo de quien lo lleva o el espíritu de quien lo otorga?  Y no es acaso también que el espejo de un país son ni más ni menos que sus habitantes? La Argentina de Sergio Baur decidió abordar el asunto con el envío de “El nombre de un país” a la Bienal de Arte de Venecia y puntualizar así que todo fue posible una vez y que hoy la Argentina está y seguirá trabajando por su nombre. Siete importantes torres vestidas se yerguen en el pabellón a medialuz para explicar el nombre que llevamos puesto. Miriñaques de encajes, puertas de autos, alusión a las marcas de moda, símbolos y vigas reticuladas arman un complejo lenguaje no atribuíble a narraciones preexistentes. Justamente eso distingue a la artista Tellería en su afán de explicar el “algo” y la “nada”. Las duplas de elementos emblemáticamente masculinos y femeninos, los tintes bermellón evocando el fluír de la sangre, el signo de la paz particionado, el balcón iluminado, la presencia de repetidos espejos y la procesión que se genera en los visitantes componen un puzzle comprensible para argentinos e invitante para los que no lo son. Indudablemente parte del folklore nacional se hace presente, memoria e identidad también.

Florencia Battiti, curadora del pabellón además de ser la responsable del Parque de la Memoria, bien explica que la intensa labor de Mariana en su recorrido de millenial responde al grado de investigación adoptado y su particular compromiso con el arte. Oriunda de Rosario y ganadora del concurso público organizado por la Dirección Cultural de Cancillería, Mariana Tellería, acompañada por Florencia Battiti, representan a la Argentina en la Bienal y llevan de la mano un país, con nombre, esculturas, un pasado y un futuro porvenir. La obra representa una instalación montada con la ayuda del equipo operativo de la artista y realizada con técnica mixta que entrelaza la alta costura y la construcción, -sectores ambos, también característicos del país-. Baur, a cargo de la Cultura de la Nación Argentina en Cancillería confirma la presencia de la mujer en el panorama cultural del país al mismo tiempo que abre paso al gran potencial del interior argentino. El magnífico pabellón argentino en el Arsenal, ya restaurado y en concesión por dos décadas, mantendrá la obra hasta el 24 de noviembre, fecha de cierre de la Bienal. En otro ámbito y en conexión con el curador general Ralf Rugoff, se despliega otra intervención argentina en un pequeño pabellón de Los Jardines. Es el caso de “Arachnophilia” firmada por Tomás Saraceno. El artista presenta una inaudita instalación de telarañas tejidas por un grupo de arácnidos que transportó cuidadosa y anticipadamente a Venecia para permitirles hilar sus redes en tiempo útil. Las conexiones y redes son lazos vívidos y frágiles que forman la plataforma dinámica de los tiempos que se vienen. Transformada en app para descargar en el móvil, “Arachnophilia” es un proyecto de mapping que convoca en open source a quien quiera sumarse al trabajo para combatir la extinción de arácnidos. Con una base de buenas fuentes, impactante listado de científicos y especialistas, Saraceno aborda la temática a través de una interfaz lúdica interactiva que facilita el acercamiento del público y en consecuencia, la sensibilización respecto al argumento. En cambio, en su trabajo para el Arsenal, Tomás Saraceno presenta una suspensión de nubes sobre el canal del embarcadero bajo la antigua recova. Saraceno, un elegido de Rugoff, plasma su mensaje sobre comunidad y espacios, libertad y virtualidad haciendo honor al planteo del curador. En definitiva, en esta ocasión, se reconstruye un panorama argentino fusionando esferas dispares y hasta inimaginables. Pero más allá de eso, luchar por el nombre del país y el entramado de su comunidad son camino posible y recorrido debido, que vale bien la pena recordar también, así y acá, en la Bienal.


Las imágenes son cortesía del Pabellón Nacional de la República Argentina, de la Bienal de Venecia y de propia autoría.


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