Espacios del futuro para el Líbano | Venecia

By Inés|Arquitectura, Bienales, Venecia

«Lo que queda”, es el proyecto presentado en el flamante pabellón del Líbano para la 16ª Bienal de Arquitectura de Venecia. El trabajo profudiza sobre los espacios que todavía quedan libres en el territorio y los toma como única opción para lograr una real evolución en la gestión del territorio. La exposición «Freespace» está dirigida por las curadoras Yvonne Farrell y Shelley McNamara, arquitectas irlandesas de reconocida trayectoria que expresan un gran respeto por el hombre y el planeta. Valoran la enseñanza como base para un mejor desarrollo y dan voz al pasado, al presente y futuro. Su manifiesto busca llamar la atención sobre la arquitectura que puede ayudar a crear un mundo realista y que a la vez respeta los recursos existentes razonablemente para mejorar su condición. Las economías circulares, las acciones participativas, la sustentabilidad, las conexiones y los datos, las elaboraciones digitales son herramientas que se utilizan para abordar temas de suma importancia: la tierra y sus importantes diferencias. Es una bienal donde reinan las soluciones de sentido común. El planeta como cliente es la plataforma sobre la que razonamos para guiarnos hacia la arquitectura viable. Prevalece la generosidad, la escala humana, el valor del medio ambiente y del hombre.

«Una sociedad crece y progresa cuando las personas mayores plantan árboles cuya sombra saben que no pueden sentarse», proverbio griego, lema de las curadoras Yvonne Farrell y Shelley McNamara

El Líbano se presenta en su primera participación nacional junto con Antigua y Barbuda, Arabia Saudita, Guatemala, Pakistán y la Santa Sede. Ubicado en un espacio de exposición del antiguo Arsenal, la obra fue presentada por la arquitecta Hala Younes, profesora de la Universidad Libanesa Americana y curadora por parte del Ministerio de Cultura del Líbano. El proyecto «Lo que queda» estudia el tejido urbano imaginando en positivo-negativo.  Son las posibilidades intrínsecas de los espacios que aún no se han entrelazado en la trama, el espacio silenzioso y oculto, es decir, los espacios del vacío. Hala, la curadora, habla de la transformación que ha sufrido el territorio basándose en una sección representativa del Líbano, realizada en una maqueta de madera que transporta desde Beirut para montar en Venecia. La maqueta muestra la geografía libanesa modelada con su topografía sobre la cual proyecta desde lo alto una sucesión de imágenes satelitares que permiten comprender las diferentes densidades de construcciones, el espacio libre, los cursos de agua y las zonas secas a lo largo de la franja donde se ubica el Monte Líbano. Algunas áreas  evidenciadas con cuadrados blancos son proyectadas en un muro lateral para ofrecer un testimonio visual de la transformación regional: lo que una vez fue tierra deteriorada debido a la interrupción del pastoreo, hoy resulta ser el área paradójicamente más verde y exhuberante donde se localizan nuevos asentamientos urbanos.

La instalación aspira a ser una declaración del estado de facto, «Lo que queda» plantea un problema que se debe resolver, es un cuestionamiento que debe tomarse en consideración, y lo hace exponiendo abiertamente la situación de los espacios libres en la actualidad y llamando en causa a la governance. Territorio, gestión del agua, especulación inmobiliaria, conflictos bélicos e inestabilidad política.  El territorio el Líbano no es vasto. El Líbano es una nación con una alta densidad de población y el crecimiento no regulado del ambiente construído aparece claro y evidente a través de imágenes satelitales de diferentes períodos. La muestra invita a los conciudadanos a contemplar su territorio y a celebrarlo como su verdadero patrimonio.  En una esfera de mayor intimidad, la secuencia de fotos y videos que acompañan al montaje cartográfico transmiten las intervenciones de los habitantes refiriéndose a su territorio. Estas intersecciones entre los habitantes y la tierra ponen de manifiesto un escenario en el que la hospitalidad, el refugio y los recursos constituyen un punto de partida en el proceso de relectura del tejido, pero también un objetivo que se debe alcanzar para preservar su identidad.  El Líbano limita con Siria e Israel. El problema de los refugiados superpuesto al discurso de la globalización son mosaicos dentro de este panorama donde los fragmentos y la multiplicidad buscan un espacio de expansión, liberación y respiración a través de “lo que queda”.

En el lado opuesto, una imagen notable de las montañas libanesas engloba toda esta narración y la historia de este antiquísimo territorio. Los colaboradores, arquitectos y fotógrafos captan sensiblemente los fundamentos identitarios del territorio. Gregory Buchakjian, Catherine Cattaruzza, Gilbert Hage, Houda Kassatly, Talal Khoury e Ieva Saudargaité Douaihi ofrecen la profundidad necesaria y el valor de la escala humana empleando videos e imágenes narrativas como elementos gramaticales del lenguaje expositivo,  La producción de imágenes proyectadas sobre la maqueta fue posible gracias a la ayuda de las fuerzas armadas libanesas que intervino en la adquisición de datos satelitares, Hala, la curadora, explica “queríamos mostrar el estado actual del territorio para poder comenzar a imaginar cuáles son las intervenciones a implementar, con qué criterios de planificación y para lograr qué objetivos.” El momento actual que atraviesa el Líbano sugiere reflexionar sobre el modo de ocupación del suelo. Las áreas en correspondencia con los cursos de agua, la propiedad privada y las construcciones verticales son otros elementos que deben ser reevaluados en su complejidad. ¿Qué espacios pueden generar respuestas a las necesidades de la población libanesa? ¿Con qué criterios se desarrollará el tejido regional con respecto al planeta y la cultura local? Estas y otras respuestas esperan poder ofrecer o, al menos, comenzar a profundizar para comprender el verdadero valor del suelo y su potencial, descifrando el vacío para interpretarlo como recurso, como oportunidad y como futuro.

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